Categoría:Francisco de Vitoria

(1485-1546)

  • Dominico, nacido en Burgos.
  • En 1506 viaja a París. Allí estudia y después enseña hasta 1522 en la Universidad de La Sorbona. Regresa ese mismo año y comienza a dar clases en la Universidad de Valladolid. En 1526 se traslada a Salamanca y sigue dando clases en la universidad salmantina.
  • Ocupó la cátedra de Teología hasta su muerte, ocurrida en 1546.
  • Fue un maestro famoso y enfocó desde la doctrina tomista los problemas jurídicos, políticos y económicos que afectaban a la Corona.
  • Es considerado por muchos como el padre del Derecho Internacional.
  • También trató asuntos tan candentes entonces como los derechos de los indígenas.
  • Grice Hutchinson afirma: “Su Influencia fue grande y no es exagerado decir que la Ciencia del Derecho Internacional surgió en su cátedra de Salamanca”.
  • Su obra más importante es De Potestate Civili (1528).



Biografía

Francisco de Vitoria nació en Burgos, de padre alavés y madre burgalesa, en una familia acomodada y de buena posición social, al servicio de los Reyes Católicos.

Durante bastante tiempo, Burgos y Vitoria se han disputado el honor de ser su ciudad de origen. También se ha debatido sobre la fecha de su nacimiento: unos sostienen que fue el año 1483 y otros que el año1492. El dominico P. Vicente Beltrán de Heredia defiende que fue este último, apoyándose en un documento judicial. Para fundamentar su postura, hace un importante esfuerzo por ajustar las fechas que se citan: Vitoria profesa en 1506, y esto significaría que entonces tendría catorce años, lo cual resulta excepcional e inadmisible; así las cosas, también resultaría excepcional para la legislación la fecha en que sería ordenado sacerdote.

El primer dato biográfico reseñado es de 1505, año en el que Francisco de Vitoria ingresa en el convento dominicano de San Pablo, en Burgos. En este convento había un Estudio General, famoso por la formación que se impartía en él. Allí habría completado Vitoria los estudios de Humanidades y comenzado los de Arte o Filosofía. Dada su brillantez, los superiores lo mandan al Convento de Santiago de París, a donde eran enviados los alumnos más destacados de los dominicos, para que pueda estudiar en la universidad parisina.

Gran parte del impulso renovador de Francisco de Vitoria, tanto por lo que se refiere a su docencia teológica como a su pensamiento moral, social y jurídico, lo adquiere en el Convento de Santiago. Allí habían vivido y enseñado también, entre otros teólogos dominicos famosos, san Alberto Magno y santo Tomás de Aquino. Resulta asimismo interesante la influencia sobre Vitoria de Juan Mayor (que en el Colegio de Monteagudo fue profesor de Juan de Celaya y de Pedro Crockaert, quien a su vez fue maestro de Vitoria).

En 1509, Vitoria habría recibido la Licencia de Artes. Iniciaría entonces sus estudios de Teología, que terminó en 1512. En 1513 era ya Bachiller en Teología. Esto lo facultaba para enseñar. La enseñanza era necesaria para que el estudiante de Teología obtuviera los grados de licenciatura y doctorado.

La docencia de Vitoria en París pudo ser primero en Artes (1513-15) y después en Teología (1516-21), explicando las Sentencias de Pedro Lombardo, como bachiller sentenciario. Es posible que “leyera” también la Suma teológica de Tomás de Aquino, como hará después en Salamanca.

El P. Beltrán de Heredia señala una breve estancia de Vitoria en la ciudad comercial de Flandes. Según él, “hizo por los menos un viaje a Flandes para saludar allí a sus amigos belgas, y entrevistarse con algunos españoles, hombres de negocios que frecuentaban aquellas plazas, los cuales le consultaron sobre la licitud de ciertos contratos. Quizás con este motivo hubo de sostener allí magnam controversiam cum aliquibus juristis”. Allí tuvo Vitoria un conocimiento muy próximo de la realidad comercial y económica, y llegó a la conclusión de lo importante que era razonar y valorar moralmente las prácticas al uso.

Sobre esto nos brinda él mismo un testimonio de incalculable valor: “Esta duda me ha sido consultada en Flandes, porque allí hay factores o apoderados de los mercaderes que se benefician con dineros ajenos. Los mercaderes dan a los factores lanas que venden, y en tanto que viene el tiempo de la paga tratan con los dineros y ganan. Me preguntan si aquel beneficio sería del dueño de los dineros, o de aquellos factores y procuradores”.

Estando en París, Vitoria entra en contacto con tres ramas del pensamiento: el tomismo, el nominalismo y el humanismo.

1. El tomismo Vitoria descubrió pronto que Tomás de Aquino debería ser su guía y su maestro, tanto para formar sus ideas como para difundirlas mediante la enseñanza. y adoptó la Suma teológica como texto formativo, sustituyendo con ella las Sentencias de Pedro Lombardo.

2. El nominalismo Nos referimos al nominalismo moderado, según el cual hay que buscar la verdad donde ésta se encuentre, y valerse libremente de los autores que puedan servir de apoyo en esa búsqueda.

3. El humanismo El humanismo había generado una renovación en los distintos órdenes sociales, culturales y universitarios; se centraba en el problema del hombre y su dignidad, lo mismo que en su reforma cultural y espiritual.

En 1523, reclamado por fray García de Loaysa, para regentar la cátedra de Teología, Vitoria se traslada al Colegio de San Gregorio de Valladolid, donde impartió tres cursos, de 1523 a 1526. En 1526, a la muerte de Pedro de León, se traslada a Salamanca, para ocupar la cátedra de Prima de Teología en la universidad salmantina. En Salamanca encontró un nutrido grupo de profesores de gran prestigio, entre los cuales podemos contar a Francisco Sánchez y León de Castro, Martín de Frías, Martín Silíceo, Pedro Margallo (en Artes y Humanidades); el Doctor Navarro, Martín de Azpilcueta y Diego de Covarrubias (en Derecho Canónico); y especialmente su compañero en la cátedra de Vísperas, el también dominico Domingo de Soto, cofundador con él de la Escuela de Salamanca.

En la Universidad de Salamanca, Vitoria impartió clases desde el 18 de octubre de 1526 hasta su fallecimiento, ocurrido en 1546. Durante el curso 1538-39, su salud comenzó a debilitarse, afectando a su asistencia habitual de las clases: así, durante el curso 1540-41 sólo pudo leer trece lecciones; durante el curso 1541-1542 éstas se redujeron a cinco; durante el curso 1542-43 pudo seguir con cierta regularidad, porque las autoridades de la universidad le permitieron impartirlas las clases una hora después. Su delicado estado de salud queda reflejado en la contestación a la cédula real que recibió en 1545 para que asistiera al concilio de Trento. En carta del 28 de abril de 1546, que dirige a su amigo Miguel de Arcos, respondiendo algunas consultas, el historiador Juan López resumía la situación de Vitoria en las siguientes líneas: “Dos años antes que muriese le apretaron los dolores de gota, los cuales sufrió con singular paciencia, mostrando agradecimiento a los que servían en su enfermedad.(…) En fin de estos trabajos acabó la vida que fue siempre muy ejemplar, recibiendo primero los santísimos sacramentos. En su sepultura fue honrado como en la vida acudiendo toda la universidad, llevando su cuerpo en hombros los catedráticos de Prima”. Francisco de Vitoria murió en Salamanca el 12 de agosto de 1546, y fue enterrado en el Panteón de Teólogos del Convento de San Esteban.

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Obra

Sorprende que, pese a la magnitud e influencia de la figura intelectual de este gran teólogo, Vitoria sólo publicara en vida cuatro prólogos, escritos durante su estancia de estudiante de Teología en París: a la Secunda Secundae de Tomás de Aquino (París, 1512), a los Sermones dominicalium de Pedro de Covarrubas (París, 1520), a la Summa aurea de San Antonio de Florencia (París, 1521) y al Dictionarium morale de Pedro Bersuire (París, 1521-1522).

De sus lecciones ordinarias en Salamanca, se publicaron:

  1. Summa sacramentorum Ecclesiae, ex doctrina Fratris Francisci a Vitoria, Pinciae, 1560.
  2. Confesionario útil y provechoso compuesto por fray Francisco de Vitoria, Amberes, 1588. Solamente en la introducción se reproduce una carta de Vitoria (Carta a una señora devota).

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Pensamiento

Hablando de los contratos, Francisco de Vitoria comienza indicando con gran precisión que el valor de los bienes no descansa en su naturaleza, sino en “la estimación en que los tengan los hombres”. Aquí radican los postulados de la Escuela de Salamanca sobre el precio, basado en la común estimación, “a como vale en la plaza”, siempre que no haya fraude ni engaño. Vitoria nos índica que el precio justo se determina de dos modos; uno, cuando ya está establecido por una legislación, ley o normativa civil, especialmente de aquellas cosas que puedan ser de primera necesidad; el otro, cuando está establecido por costumbre, por el uso común, o incluso cuando queda fijado por el libre juego de la oferta y la demanda en unas condiciones favorables. De ahí que Vitoria hable del precio “a como corre en la plaza”, que es corriente, o “a como vale en la feria”.

Vitoria hace también una clara distinción entre precio y valor. El precio de una cosa no depende tanto de sus cualidades reales propias cuanto de su valor según la necesidad que se tiene de ella y la utilidad que reporta. La necesidad y la utilidad que no toman en consideración al sujeto particular: se estima el precio de una cosa no sobre la base de la necesidad o la utilidad individual, sino sobre la base de necesidad y la utilidad común. De esta manera, la fijación del precio por la estimación común ocurre cuando hay condiciones de perfecta concurrencia en el mercado: abundancia de compradores y vendedores, puesto que en tales circunstancias los compradores y los vendedores comprarán al precio que consideran justo; es decir, los vendedores estimando los costes y sumando lo necesario para el propio sostenimiento, y los compradores adquiriéndolo en proporción. Lo contrario de esta afirmación es claro: cuando hay escasez de compradores o vendedores, se ejerce el monopolio; o cuando la cosa venal es rara, escasa, poco habitual, se tendrán en cuenta costes, utilidades, deseabilidad, rareza y otras circunstancias.

En la obra de Vitoria se deduce la teoría cuantitativa del dinero, que, como bien indica León Gómez Rivas: “Aquellos doctores explicaron cómo la inflación experimentada en la España moderna era causada por una abundancia de metales preciosos, que hacía descender el valor de las monedas de plata”.

El precio justo es el común del mercado, aunque, de haber un precio legalmente establecido, éste también se ha de considerar justo. Como indica Rothbard, “en lugar de dejar que el coste de producción fuera determinante, Vitoria, a la vez que decía que el coste podía también tenerse en cuenta, se volvió hacia la antigua tradición pro laissez-faire del derecho romano, ya casi olvidada, según la cual precio justo es el libremente acordado por las partes”.

La explicación del valor económico de los bienes ha oscilado a lo largo de la historia entre dos visiones diferentes: la que hace depender el valor económico del coste de producción y la que lo hace depender de la utilidad de los mismos bienes. Los doctores españoles de los siglos XVI y XVII optaron claramente por esta última. Algunos doctores anteriores, como Scoto y Mair, habían defendido que el valor y precio justo de los bienes debía fijarse teniendo en cuenta su coste de producción, no su mayor o menor utilidad. Vitoria rechazó esta opinión expresamente, subrayando la desvinculación del orden económico del valor del orden ontológico (natural) de las cosas, al afirmar que “el precio de las cosas no considera la naturaleza de las cosas; esto es, no se fija según la naturaleza de las mismas cosas, pues entre lo que se entrega y lo que se recibe a cambio no existe proporción, pues son de distinta especie, sino que el precio de las cosas se fija atendiendo a la común estimación y aprecio de los hombres”.

Sostiene Vitoria que el precio han de establecerlo las partes que intercambian, añadiendo una distinción entre bienes de lujo y bienes ordinarios. Los bienes de lujo podían venderse a un “precio caprichoso”, pues el comprador paga el alto precio voluntariamente y de buena gana. Rothbard vuelve a indicarnos que Vitoria ” desgraciadamente no explica por qué tal voluntad libre desaparece al tratarse de bienes que no son de lujo”.

Otro aspecto que preocupa a Vitoria es el fraude en las compraventas (según la cuestión 77): por un lado, que hay fraude si se vende al mismo precio algo que en sí tiene algún defecto o vicio, por el que tal cosa venal sería de menor valor; por otro lado, si, supuesto que la cosa se vende en su justo precio, se han de decir los defectos y/o los vicios de la cosa venal. Estas cuestiones llevan a Vitoria a realizar una relevante estimación de la voluntariedad en las transacciones económicas, sobre qué las hace injustas y qué inválidas, sobre las funciones respectivas de los agentes involucrados en la compraventa, y sobre la imputabilidad legal en que incurren.

Actualmente: - Marjorie Grice-Hutchinson - Jesús Huerta de Soto - Mª Idoya Zorroza - Victoriano Martín Martín - Francisco Gómez Camacho - Murray N. Rothbard - Leon Gómez Rivas

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Bibliografía

IDOYA ZORROZA, María: Contratos y usura, de Francisco de Vitoria ,Ediciones Eunsa,Pamplona,2006.

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